Bad Bunny y el valor del buceo

DeB[iMoS] TiRaR MáS FOToS

Me tardó unos días sentarme a ver el debut de Benito Antonio Martínez Ocasio como guionista y director. El cortometraje tiene tela pa cortar, pero algunas reflexiones me parecieron pertinentes a la conversación que nos urge tener desde Buen Buceo. La primera la verbaliza el personaje de Jacobo Morales, en el segundo minuto del filme:

Quisiera haber tirado más fotos, para enseñarte. Las fotos son momentos vividos. Recuerdos de cosas que pasaron.

Pensé, ¿existirán fotos que nos enseñen sobre el pasado de nuestra industria? La verdad es que — como industria — no hemos hecho un buen trabajo de documentar nuestra historia, para enseñar a las generaciones que vienen subiendo. Mucha se comparte por tradicional oral y en círculos muy íntimos, con las inexactitudes que eso conlleva. Luego recordé un afiche que vi alguna vez, escondido entre las páginas de un libro de instrucción de buceo que hoy vale más en un museo.

Era una publicación de una tienda de buceo — de propietarios puertorriqueños y que ya no existe — para atraer afiliados y estudiantes. La fecha en el pasquín habla del 1985; ya se cumplen 40 años de su publicación.

Lo primero que me llamó la atención fue la mención en portada de una oferta especial, en la que vemos preservado el precio regular para la certificación de buceadores principiantes en 1985: ¡$235!

Panadería, panismo y precios

Una de las escenas más memorables (y memeables) del filme de Benito ocurre en una panadería ubicada en el futuro distópico de Puerto Rico. El protagonista de Benito ordena un sandwich de pastrami y un quesito; la cajera le cobra $30.

Por poco infarto, aunque el precio no dista mucho de la realidad en algunas panaderías del país, pero el personaje de Jacobo no pareció inmutarse por la cantidad. Aunque intentó usar la vieja confiable de “pero yo conozco al dueño” para pedir fiao el almuerzo, fíjense que no lo usó para regatearle el precio al negocio. Lo hizo para pedir acomodo razonable por el método de pago.

La escena cierra con un buen samaritano boricua (interpretado por Juanpi Díaz) que le paga la cuenta al protagonista y se rehúsa a aceptar que le reembolse el dinero. La cita textual con la que se despide es “No se apure, señor. Esos chavos son suyos. Son treinta pesos”, pero la mueca que hizo Juanpi al decir esa última línea sugiere que lo que quiso decir fue “Son [solo] treinta pesos”.

Este diálogo ofrece una lección clave sobre la percepción del dinero y de los precios para el consumidor. Esa escena me dio la idea de buscar cuánto valdría en el presente los $235 que se cobraban en 1985 para certificar a buceadores principiantes.

De vuelta al presente

Fuente: Cálculos del autor a base del Índice de Precios al Consumidor (IPC)

Todos sabemos, casi por instinto, que los $235 de hace 40 años valdrían mucho más que ahora. Pero, ¿cuánto, exactamente?

La manera más común de la gente entender lo que valía una cantidad de dinero en el pasado es usando el ajuste por inflación. Es un cálculo relativamente objetivo: mide cuánto costaban ciertos artículos y servicios en un año o mes, y lo compara con lo que cuestan esos mismos artículos y servicios en otro año o mes.

El problema con este método es que supone que los consumidores son calculadoras de inflación ambulantes, y que toman decisiones sobre las cosas que quieren o necesitan comprar a base de esta fórmula. Simplemente, no es un método útil para comerciantes (tales como instructores o dueños de tiendas de buceo) que quieran tener una idea de cuánto están dispuestos a pagar sus clientes por los artículos o servicios que ofrecen.

Es muy poco probable que el precio de $235 se estableció a base de un ajuste por inflación. Es mucho más probable que el precio obedecía, en primer lugar, a la disposición de los clientes de pagar esa cantidad.

A esto se le conoce como percepción de precios de los consumidores.

Fuente: Oubiña Barbolla, Javier. Distribución y Consumo, Núm. 33 (1997).

La diferencia entre un ajuste por inflación y un ajuste por percepción puede ser drástica. No conozco de alguna fórmula universal que sirva para calcular el ajuste por percepción. Pero, ¿cómo comparan esos $235 con el dinero que tenía disponible un consumidor promedio en Puerto Rico para esa fecha? Eso, quizás, nos acerca al sacrificio monetario y el valor percibido por los clientes de 1985.

Inflación vs Percepción de Precios

Inflación – puerto rico

Podemos presumir que la promoción del pasquín estaba dirigida al mercado de buceadores puertorriqueños. Si limitamos nuestro ajuste por inflación al Índice de Precios al Consumidor de Puerto Rico, la misma tienda de buceo tendría que cobrar aproximadamente $515 en el 2024 para cubrir los mismos gastos que cubría en 1985 con $235.

Percepción de precios del consumidor

El sacrificio monetario que implicaba invertir $235 en aquellos cursos de buceo en el Puerto Rico de 1985 equivale a una inversión de aproximadamente $1,460 en el 2023, que es el año más reciente para el que tenemos disponible información sobre el ingreso personal disponible per capita.


¿Cuán al día están tus precios?